“Una vida entre Bambalinas”, por el Viejo Jeff

La Revoltosa
Por La Revoltosa noviembre 17, 2017 14:51

Me encanta la sensación del aplauso del público, cerrar los ojos tras una representación teatral gloriosa y dejarme envolver por el calor del súbito sonido del entre chocar de palmas humanas, sentir a las personas que se levantan de sus asientos, los silbidos de júbilo y pasión que van dirigidos a mí y a mis compañeros de escena, sencillamente es algo increíble, disfruto de cada momento de la actuación, desde la preparación del papel hasta la lectura previa de guion, de las correcciones del director de la obra hasta los consejos de actores y actrices más veteranos, incluso algún que otro novel con ego desmedido, alabo el momento en el que decidí ser actriz, ir en contra de los consejos de mis progenitores que preocupados más por mi economía que por mi felicidad me aconsejaban estudiar algo relacionado con la economía y las empresas, elogio cada instante de esta profesión, la suavidad de los telones, la altura del escenario respecto a las butacas, el silencio sepulcral al inicio de la obra y el estruendo ruido del final, las miradas cómplices de los compañeros ocultos que hacen de cada representación teatral una maquinaria perfecta, el súbito nerviosismo cuando puedes sentir la respiración de cientos de personas tras el telón y este te protege de sus miradas impacientes, los vestuarios, ser una persona diferente cada día, cada hora, cada instante, definitivamente esta vida es un sueño.

Despierta, grita a lo lejos un jefe puesto ahí por apellido familiar, su dirección empresarial deja mucho que desear, abro lo ojos confusa, delante de mí no hay un público entusiasta dispuesto a escuchar cada una de mis frases, solo una horda de compañeros de oficina mirando el reloj central como bestias hambrientas esperando que sea la hora de comer y escapar de esta cárcel que los ingenuos llaman vida laboral, miro la pantalla de mi ordenador llena de datos económicos, ventas, pagarés, impuestos, beneficios, pérdidas, son palabras que me han acompañado durante los 5 años de carrera, y durante estos 10 años de prisión incondicional laboral, al final me deje convencer por mis padres y deseché la idea de ser actriz para vivir económicamente estable, el sueldo es una basura, me tiro horas muertas frente a una pantalla de visualización de datos rellenando números, calculando variables y lo que es peor renunciando cada minuto a lo que fue mi sueño, termino mi jornada laboral y vuelvo en metro a casa, allí me espera una persona que estoy segura que no me quiere y a la que yo creo que no quiero, le haré la cena, es como si fuera otro contrato que firmé en nombre de mis padres, una pareja, una vida estable, un sitio fijo dónde vivir lejos de los kilómetros de carretera de los artistas itinerantes, miro las caras de mi compañeros de vagón y solo veo tristeza en sus ojos, observo que todos comparten mi pensamiento y maldicen el día que decidí cambiar una vida entre bambalinas por una rutina aplastante. 

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